Memoria

 

Se le escapa la memoria
igual que le robaron la alegría.
Le hicieron, hace tiempo,
vivir lento y llorar deprisa.

Ahora olvida
y yo aún la recuerdo,
con su vivo genio,
como la alta figura
que nunca caería
mientras ella levanta
una mirada perdida
en esa confusa nada
que le apaga la vida.

Desencuentros

Soy tan retorcidamente idiota que es tu inaccesibilidad la que me pone cachonda.

Saberte encadenado a tus obligaciones, a tus neuróticas idas de olla, a ese no saber quererte a ti mismo que desencadena en un ateísmo emocional totalitario.

Si no querías que te deseara… ¿por qué te empeñaste en provocar que lo hiciese?

Eres tan retorcidamente idiota que es mi capacidad de quererte la que te pone cachondo.

Este saber verte tal y como eres, con tus manías y rarezas, con tus claro oscuros, esta personalidad en forma de prisma que refleja la luz a través de sus mil caras, aún teniendo descascarillada alguna arista.

Si querías amar… ¿por qué acabas empeñándote en huír?

Somos tan retorcídamente idiotas que son nuestras soledades mal entendidas, nuestros miedos en común los que nos han atraído y a la vez, nos han puesto en equilibrio entre las letras y las sonrisas.

Entre renglones escritos tras gemir algún orgasmo compartido.

Entre un quiero y no puedo.

Entre un escalofrío y un desenfreno.

Entre la rabia y el deseo.

Si no sabemos gestionarlo… ¿por qué seguimos buscándonos?

Soy tan infinitamente tonta que aún no durmiendo a mi lado te siento aquí conmigo… ¿por qué no consigo desconectar de ti?

Lo nuestro es un bucle infinito de encuentros y desencuentros, yo sigo buscándome a mí misma en cada curva del laberinto sabiendo que en algún momento aparecerá de nuevo el fauno.

@imposibleolvido

Tal vez

La noche pasaba, minuto a minuto, arrastrando el fantasma insondable de los momentos que fueron, reverberando por las calles de una presencia ausente. Los mismos ladrillos que soportan mi alma errante, cuando voy a visitar los rincones que compartimos sólo para ver que él tampoco está.

Siempre con prisas, como si la vida se fuera a acabar después de una caricia en el debe de una contabilidad sentimental siempre en déficit de pasiones. No importaba lo que nos diésemos, nunca llenábamos ese abismo de la necesidad que sentíamos el uno por el otro. Siempre con prisas. Tarde y mal comprendí que, a menudo, los labios más necesitados, no son tan impacientes dos besos después.

Y cuántas noches desperdicié por no saber vivir sin él entre mis brazos, como el eco de su figura entre mis pensamientos, que, a base de ecos de su tacto y su perfume, se empeñan en hacerme vivir una realidad vacía a través de unos recuerdos corrosivos, como si yo no fuera más que napalm caduco y él la cerilla a punto de raspar sus pupilas. Siempre me hizo arder a cada parpadeo, nunca tardé más de dos segundos en consumirme cuando me miraba fijamente.

Quererle, no quererle. Dejo de ser opción hace mucho. ¿Cuántos años han pasado? Obviamente, no los suficientes. Le extraño y le odio a intervalos discontinuos, agazapados, esperando el mejor momento para hacerme extrañar todo lo que no llegamos a vivir. No conocí peor melancolía que la carencia de aquello que no hicimos. Extraño lo que pude ser a su lado.

Es tarde y aún no lo es. Sólo llego a extrañar el sol cuando la lluvia acaba por camuflar las lágrimas que aún le debo.

¿Dejarle ir? No. Lo correcto es decir que él me dejó ir a mí. Que me destierre a un olvido del que no sea más que una línea borrada, unos versos tachados en la copla de dos amantes discordantes. ¿Sólo extrañas el cielo cuando nieva? Me gusta el frío que cala mis huesos, siempre será más cálido que aquel adiós que nunca dije y que él escuchó a cientos de kilómetros de distancia.

¿Cómo decirle que no es tan fácil olvidarnos? ¿Cómo arreglar el único problema que quiero que me complique beso a beso? Ódiame, le diría, échame, aléjame, vete lejos. Yo no inventaré la distancia que me separe de su parpadeo. Pasarán años, vidas, segundos. ¿De verdad quiero que esto se acabe así, con tanto por inventar? ¿Con tantas mentiras que creerme en sus brazos?

Acabar o empezar. Para él es lo mismo. ¿Qué fui a su lado? Qué fui al irme? No me deja desaparecer. Ódiame, sí, eso le diría. Ódiame. Su rencor me demostraría que siempre me quiso, avaricioso, que siempre temió a la oscuridad de unos ojos cerrados cuando la llama de mis dedos se apagaba en una borrasca de nostalgia.

Escribirle una carta, un libro, una religión. No tengo suficientes idiomas para definirle. Nadie puede con esos ojos salvajes que une vez fueron míos. Todo lo que toco se corrompe. Tal vez, tal vez, una última ocasión. Él junto a mí fantasía. Sería lo único que le pediría, lo único que me avergonzaba, expresarme. Darme esos momentos juveniles antes de que me arrepienta.

Ya buscaré penitencia en otra vida.

@reinaamora

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Con A de amor

Os quiero sin ninguna palabra
y todo el sentimiento
porque cuanto más os quiero
menos lo digo,
porque cuando callo
os pienso, porque
cuando río os necesito
y cuando lloro siempre estáis .

Os quiero porque os tengo
y os tengo porque os quiero.
Porque sin vosotras no sería lo mismo,
porque sin la amistad,
el amor únicamente
estaría hecho de olvido
y la vida sería un yermo erial.

Porque cuando callo
os pienso porque
cuando río os necesito
y porque cuando lloro,
hijas de puta, siempre estáis.

 

@Moab__

Contradicciones

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Se buscan para dejar de buscar.
Se buscan para perderse; para justificar sus contradicciones.

Se buscan motivos firmados con tu apellido.
Te busco, corazón,
de obstinados latidos
y tendencia imprudente,
de principios sin final,
de melodía y bolero. De agua, hiel y sal
Te busco a ti, corazón, con vistas a tu mar.

Razón: al sur de mis venas,
aquí… Donde siempre
estás .

@reinaamora

Humo

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Siempre llevo
tu recuerdo guardado
en el bolsillo izquierdo.

A veces lo saco
y te enredas
entre mis manos,
abiertas y desnudas.

Pero es que sé
que no sirve de nada
~contigo~
apretar los puños.

Otras, lo lío en un cigarro,
y te consumes
entre mis labios.
Y entonces,
vuelves a ser humo
atravesándome el pecho.

Nublando de nostalgia
mis párpados descubiertos.

Sé que debo dejar de fumar.

Me sigues haciendo daño,
joder,
pero es que fuiste
~sigues siendo~
un dolor de vicio.

Como debo dejar
de verte, siempre,
en sonrisas ajenas
que no es a mí
a quien miran.

En manos que vuelan
hacia otras caricias.

En otras soledades
que no quiero llenar.
En otro cielo
que no quiero volar.
En otro corazón
al que no le escucho el latido.

Si no es contigo.

Que nunca supe ser jaula.

Y que tú nunca fuiste
~conmigo~.

 

Eva López

@EvaLopez_M

Blanca noche; oscura luna

Noche de sangre arterial
y blanca luna.
De gatos pardos,
colmillos largos
y mirada oscura.

Noche de brujas,
de cementerio y besos.
Noche de violín,
de calaveras,
de sexo a tumba abierta
y de morir de sueños.

Noche de ti,
noche de mí,
noche de delirios
metidos en charcos
hasta los tobillos.

Noche de recordar,
de sobrevolar abismos,
de estrellarse
y de no sobrevivir.

Noche de ti.
Noche de mí.

(Moab)

Desorden

Cuando apenas me queden fuerzas, llegado el instante de recoger los recuerdos, hacinados en un montón aparte, en ese instante dónde se cruza todo lo que tiene sentido y todas las locuras que una vez pensé.

En la intersección de lo complicado con lo simple, lo cotidiano y lo sublime, dónde una mirada le traducía con momentos, dónde una caricia explicaba todo. Un nombre como mapa de mis deseos.

Ese instante dónde encuentras el nombre que te navega entre rabia y deseo, cuyo aliento aborda mis sentidos, en cuyo oleaje me hundo cada vez que le susurro.

Que no quedó instante en silencio que no llenase con su nombre.

Que no quedará día sin noches en que no le eche de menos.

Disfruto, yo imbécil, extrañándole, en cada abrazo itinerante que me cruzo.

@reinaamora

Viento vivo


Hay un poema escondido
entre los versos de una canción sin letra,
entre las letras del silencio,
entre los silencios de ese viento
que entre las hojas sopla.

De un viento que despeina
estrofas y reordena comas.
De un viento que riza charcos
y los llena de olas.

De olas y de sueños
y de peces de colores
que son un arcoíris de sentimientos
marchitos, pero vivos.

¿Vivos? ¡Vivos!
Vivos como la luz de la atalaya
que rompe la noche,
vivos como el mar, como el río,
como los rayos del sol.

Vivos como los “te quiero” que me callo
para no convertirte en canción.

(Moab)

Sombras chinescas

Tengo un bate.

También tengo, entre otras cosas, unas ganas locas de estrellarlo contra el mundo.

Una vez soñé que mi cuerpo empezaba a crecer de una forma desmesurada, a la vez que mi casa primero, después mi calle, mi barrio, mi ciudad, mi comarca, mi provincia, mi país, el planeta, la vía láctea y el universo entero se volvían diminutos. Y entonces, cuando yo ya era infinita y todo lo demás tenía el tamaño de una pelota, lo cogía entre mis manos, lo lanzaba hacia arriba, y bateaba. WoW.

Quién quiere poesía cuando tiene las cenizas del mundo en sus manos.
Dímelo tú.

Un ramillete de flores ardiendo ante mis ojos, convirtiéndose en polvo de estrellas.
La belleza del desastre.
La maldita belleza del instante anterior a que todo se desmorone.
Imagina.

Luego, además, estás tú.

En el amor importa más lo que das que lo que recibes, dicen. En el odio también. Y en la indiferencia, en el rencor, en el olvido…

Creo que es una máxima que se aplica a todo lo que atañe a más de una persona. Estar vivo y en el mundo es dar. Dar sin esperar nada a cambio. Y no es por bondad, santidad o rellenar una viñeta más con una frase hecha.

Es, simplemente, que si esperas algo de los otros, vas jodido.

Tú, y tus ideas, que también me relampaguean de vez en cuando. Se me vuelven cursivas y pierdo el rumbo por un momento. Un instante chiquitito. Sólo un leve pestañeo. Un parpadeo casi imperceptible.

Mi coleta se balancea mecida por la última brisa del atardecer de verano.
Yo respiro entrecortada, intentando recuperar el aliento gastado en la carrera hacia ti.
Me tiemblan las piernas.
Quisiera sujetarme las rodillas, pero opto por esconder mis manos. Como tú.

Y es que,

además,

tengo un bate.

Niño, que si bajas a jugar.

(GraceKlimt + LaTijeraManca)